Frontera natural.
El Cabo de Palos se adentra en el mar con fuerza, sabiendo
que es el último reducto de la Cordillera Bética. Es la frontera
natural entre una costa que se dibuja tranquila y otra que se
perfila agresiva, llena de acantilados que convierten en mito la
imagen del Mediterráneo tranquilo.
Si de algo se puede hablar en Cabo de Palos es de historias
del mar. Unas dulces y otras amargas, unas de vida y otras de
muerte. Todas ellas impregnadas de salitre y regidas por el
caprichoso destino que marca la Rosa de los Vientos. El fondo del
mar en Cabo de Palos guarda muchos trofeos robados a los hombres.
Uno de ellos es el Sirius. Un trasatlántico italiano que naufragó la
madrugada del 5 de agosto de 1906 con 822 almas abordo. Esta vez no
fueron las isobaras las que desafiaron la habilidad del patrón. La
punta del conocido como “Bajo de Fuera” se encargó de recordar quién
marca las normas en el mar.
A día de hoy el pueblo de Cabo de Palos, mantiene su
identidad de pueblo marinero. La pesca, junto con el turismo, es el
principal motor económico. Cada madrugada sale de puerto una variada
flota pesquera que remueve los fondos en busca de los tan afamados
peces y mariscos de la rica gastronomía del sur.
Otro símbolo indiscutible de este pueblo es el Faro de Cabo
de Palos. Se comenzó a construir en enero de 1863, pero no señaló su
presencia hasta enero de 1865.