Murcia divide sus encantos entre la costa y el interior.
Tierra adentro Murcia es ciudad y también valles, pueblos, historia
y cultura. Al amparo del río Segura el Rey Abd-Al-Rahman II la
fundó en el año 831 y fue considerada una de las ciudades más
poderosas de Al-Andalus. El origen musulmán de la ciudad pretendió
borrarse cuando, tras la reconquista, las veinte mezquitas que había
se transformaron en veinte iglesias. Aún así, muchos años después,
todavía se pueden encontrar retazos de la cultura musulmana en las
calles y los barrios de Murcia.
La primera imagen que debe llevarse uno de la ciudad es la
catedral, situada en la Plaza de Belluga. Se comenzó a construir en
el año 1.388 gracias al obispo Pedrosa y, cuatro siglos más tarde,
se convirtió en una joya arquitectónica en la que conviven gran
cantidad de estilos. Su torre de 92 metros de altitud, construida
entre los siglos XVI y XVIII, es también un elemento destacado de
esta obra de arte.
Hay quien dice
que es difícil encontrar un pimiento de Padrón que no sea murciano.
El sobrenombre de “huerta de Europa” justifica que sea aquí donde se
producen muchas de las hortalizas que se consumen en los mercados
españoles y europeos. Como no podía ser de otra manera, esta riqueza
va perfectamente ligada a la gran variedad gastronómica de la región
de Murcia.